El pasado viernes 30 de enero, en la jornada 123 de la Tertulia Puerta Abierta a la Imaginación, leí este relato creado para la ocasión. El tema a tratar fue "La mentira manifiesta" y el relato lleva como título "¡Adiós!.
¡Manifiéstate!
Y se giró hacia mí agachando la vista, de mirada esquiva. Se
encontraba tumbado en el diván aquella tarde de frío invierno, de frío infierno
en nuestro hogar terrenal.
Le tomé la mano y le pedí que me mirara. No podía creer lo
que me había confesado instantes antes. Yo me encontraba absorto, paralizado de
pies a cabeza, porque, aunque lo había sospechado desde mi juventud, siempre
había algo en mi interior que me decía que podría estar equivocado.
Y, finalmente, no, no lo estaba, no. ¡Pero no puede ser!, ¿qué
hago aquí desde hace tantos y tantos años?
De acuerdo, podía tener clemencia con aquel anciano
todopoderoso, pero enfermo, casi moribundo. Sin embargo, ni el cuerpo ni el
corazón me lo pedía.
Así que todo había sido una mentira, mi vida había sido una
mentira orquestada por aquel decrépito ser canoso y omnisciente.
Su negativa a mirarme lo estaba corroborando en aquel
preciso instante. Así que…
Mi vida…, ay, mi vida, mi amada y ansiada vida…
En efecto.
Se revolvió en su acomodado catre y me dio la espalda de
nuevo. ¡Manifiéstate, ay, dios!
-
No estás satisfecho, ¿no? ¿Y ahora te das cuenta? ¿No has tenido tiempo para enmendar tus errores?Había sido, era, soy un pelele a su antojo. ¿Dónde estaba mi
libertad?
¿De modo que todo ha sido un juego tuyo –inquirí de nuevo.
Ahora me encontraba indeciso, todo había sido una farsa, recordé el orweliano libro “1984” y la película “El show de Truman”, que tanto me habían impactado en mi juventud.
Asimismo, recordé ese perfecto dibujo del catecismo en el que se te veía feliz y amenazante en aquel triángulo en el firmamento, como la canción de Alan Parsons, ese ojo dominador en tu cielo desde el que vigilas y controlas mis movimientos.
Así que tú, tú eres ese dios que supervisa y me manipula constantemente. Mi libertad una falacia, una tremenda mentira.
Me niego, te odio. Renuncio. Ahí puedes quedarte con tu
mentira. No quiero continuar este juego tuyo, desisto. Insisto, renuncio.
Mientras crees que te disculpas, te acusas.
Adiós, Dios.
Aquí estoy leyéndolo en un vídeo de Lola Fontecha:

