Este atardecer
me espuma los besos al cielo,
un graznido y la arena,
paseo por tus ombligos ocres
que son el centro de mi vida.
El sol continúa espumándome
los ojos arenosos.
Unas nubes livianas,
vaporosas,
sortean su luz,
mientras reclamo una vez más...
la vida.
Redondamente perfecto
se encara conmigo.
Y yo te admiro.

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