jueves, 20 de septiembre de 2018

CERDOPOÉTICA (I)

Entre cerdos y burros, entre Rute e Iznájar, entre poetas, nos encontramos compartiendo nuestros versos al aire y dentro de la antología. 

Un magnífico encuentro organizado por el poeta amigo José Puerto y al que llegamos medio centenar de amantes de la lírica ávidos de disfrutar de la amistad y la poesía.

Desde un primer momento se vio la exquisita organización del evento, lleno de momentos de poemas y asueto, imposible de defraudar a ninguno de los participantes.

Por mi parte, traigo aquí uno de los poemas que se incluye en la antología y que leí durante el fin de semana.


¿POR QUÉ DESPECTIVO, CERDO?

Todo rosita, todo comilón,
hundiendo su hocico en el pilón,
blandiendo sus labios entre la hierba,
para tomar el fruto de la tierra.

De generoso olfato circular,
sus guarridos son su cantar,
sus patitas de alcabotas
hincándolas cual bellotas.

Para los celtas y chinos
fueron unos seres divinos.
A griegas e indias de beldad
les traía suerte y fertilidad.

Yo que también a los altares
lo elevo ahora entre encinares,
me enamora su bíblica cara
retozar entre gruñidos en la piara.

¿Por qué despectivo,
si él es todo un divo,
cerdo, marrano, gorrino,
puerco, guarro o cochino?













domingo, 9 de septiembre de 2018

EL PINCEL DE TU MIRADA



EL PINCEL DE TU MIRADA

Como áureo y aceitunado resplandor,
tus ojos se confunden con la acuarela,
bosquejando el amanecer enfático,
esbozando la sonrisa límpida del día,
blandiendo el pincel de tu mirada
para iluminar la dorada pinacoteca.
Y has prendido de barniz la luz
resurgiendo la perspectiva
en el lienzo de la melancolía.



martes, 14 de agosto de 2018

AY, ACEBUCHE

AY, ACEBUCHE

Resistiendo decires y sinsabores,
tú que fuiste rey del olivar.
Ay humilde y sagrado óleo,
hoy sucumbes ante su altar.

Oh, acebuche que sumiso creciste
y a mi amor fiel te hiciste.
Tú que soportas incólume el calor
y te arrugas con el frío invernal.

Esas dulces y finas lunarinas,
tus glaucas acebuchinas,
bíblico manjar para las aves
del descanso otoñal,
que maman de tus tetillas
la oleosa leche de tus frutos ojivales.

Y esas danzarinas hojillas
que almibaran mi corazón,
blandiendo su asaetado verdor
en fragancias de aromáticos bálsamos.

Ay humilde y sagrado óleo,
que ansía llegar a la alcuza,
ven, ven, que mi alma se despeluza.


martes, 7 de agosto de 2018

SIGUIENDO LOS PASOS DE MIGUEL HERNÁNDEZ

Hace unos días, Lola y yo nos desplazamos hasta Orihuela, un viaje largo pero fructífero. Un viaje con todo el sentido y en el que pusimos todos nuestros sentidos. Un viaje íntimo, en el que pudimos experimentar sensaciones únicas cuando visitamos los lugares de nuestro Miguel Hernández... 

Sus calles, su barrio, su colegio, su casa natal, la de Ramón Sijé, la plaza en la que leyó la imperecedera elegía dedicada a su amigo y..., cómo no, la casa en la que vivió, la cama en la que dormía con su hermano, las abarcas, su hermoso patio, el pozo, el huerto, el establo..., y la famosa higuera, bajo la cual nos guarecimos, como él, del calor sofocante que nos acompañó en todo nuestro recorrido...


Abiertos, dulces sexos femeninos,
o negros, o verdales:
mínimas botas de morados vinos,
cerrados: genitales
lo mismo que horas fúnebres e iguales.

Rumores de almidón y de camisa:
¡frenesí! de rumores en hoja verderol, falda precisa,
justa de alrededores
para cubrir adánicos rubores.

Tinta imborrable, savia y sangre amarga;
malicia antecedente,
que la carne morena torna torna y larga
con su blancor caliente,
bajo la protección de la serpiente.

¡Oh meca! de lujurias y avisperos,
quid de las hinchazones.
¡Oh desembocadura! de los eros;
higuera de pasiones,
crótalos pares y pecados nones.

Al higo, por él mismo vulnerado
con renglón de blancura,
y orines de jarabe sobre el lado
de su mirada oscura,
voy, pero sin pasar de mi cintura.

Blande y blandea el sol, ennegrecido,
el tumor inflamable.
El pájaro que siente aquí su nido,
su seno laborable,
se ahogará de deseo antes que hable.

Bajo la umbría bíblica me altero,
más tentado que el santo.
Soy tronco de mí mismo, mas no quiero,
ejemplar de amaranto,
lleno de humor, pero de amor no tanto.

Aquí, sur fragoso tiene el viento
la corriente encendida;
la cigarra su justo monumento,
la avispa su manida.
¡Aquí vuelve a empezar!, eva, la vida.

Fue un día en el que llegamos hasta la hoy universidad, junto al río, antaño cuartel de la Guardia Civil, adonde iba nuestro poeta a recoger a su novia Josefina, ya que su padre estaba ahí destinado.
Lugares que han quedado impregnados en nuestros corazones y que nunca desaparecerán de ellos. 
Orihuela, su pueblo y el nuestro, porque desde entonces siempre será nuestro, como nuestro Miguel Hernández.