miércoles, 21 de febrero de 2024

ISHTAR

Las almas fluyen entre

            el arpa y el violonchelo,

y yo me tumbo a la brisa

            del canto y sus efluvios,

resistiendo en mi rostro

            el sol quejumbroso

y mis manos se me arrugan

            atemporales,

en una seductora Ishtar

            que me endiosa,

entre las voces del coro

            y su aleluya.

Y me elevo creyente

            aun engendrando agnostía,

y amo, amo la divinidad

de este atardecer sibilino

en el que por errar vivo,

            por sentir creo,

            por llorar, nostalgia.

Esta luz invernal

se filtra en mi garganta

y no me resisto a sentir,

en el llanto del día,

            que fenece triste,

que no se resiste

en el azul brumoso,

justo en la orilla nocturna

            creo con mi dolor,

con el suyo relampagueado

            al vibrar sus cuerdas

de romanticismo fiel,

en las sombras frágiles


            de mi memoria y su violín.

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