martes, 14 de agosto de 2018

AY, ACEBUCHE

AY, ACEBUCHE

Resistiendo decires y sinsabores,
tú que fuiste rey del olivar.
Ay humilde y sagrado óleo,
hoy sucumbes ante su altar.

Oh, acebuche que sumiso creciste
y a mi amor fiel te hiciste.
Tú que soportas incólume el calor
y te arrugas con el frío invernal.

Esas dulces y finas lunarinas,
tus glaucas acebuchinas,
bíblico manjar para las aves
del descanso otoñal,
que maman de tus tetillas
la oleosa leche de tus frutos ojivales.

Y esas danzarinas hojillas
que almibaran mi corazón,
blandiendo su asaetado verdor
en fragancias de aromáticos bálsamos.

Ay humilde y sagrado óleo,
que ansía llegar a la alcuza,
ven, ven, que mi alma se despeluza.


2 comentarios:

Lola Fontecha dijo...

Donde todo comienza, lo que se experimenta si se olvidan de él. Acebuche...

Paco Velázquez dijo...

Digo que sí, todo comienza en él, el ancestro del olivo.