El pasado día 24 de abril, para celebrar el Día del Libro me invitaron a dar una conferencia-recital sobre Literatura en la Prisión de Jaén.
Fue una mañana en la biblioteca, con un auditorio muy interesado y participativo que intervino en multitud de ocasiones para responder a las cuestiones que les planteaba.
Partí de una posición inicial del significado del Día del Libro para hablar de diferentes autores y autoras, sobre quienes leí diferentes textos.
Les leí el relato de mi libro "HASTA QUE LA MUERTE NOS DEPARE" titulado "Noche de viento..., y algo más...", que reproduzco a continuación.
Finalmente les puse dos vídeos sobre poemas del libro "DE MAR A MAR" de Lola Fontecha "Olivos", y "Me llama tu sonrisa" (de ambos). El primero musicalizado por José Pedro Jiménez y el segundo por Jesús Bienvenido, que pueden verse al final.
En fin, una magnífica jornada matutina. Mi agradecimiento a la maestra Jéssica y a la directora Aurelia.
Al final recibí un hermoso ramo de flores que me encantó.
"NOCHE DE VIENTO..., Y ALGO MÁS..."
Había pasado toda la
noche intranquilo, atajando los sueños en lo abrupto del día…, hablando con el
viento. Él me susurraba entre lo recóndito de la oscuridad, entre las sufridas
sábanas descubiertas al acecho de sus fauces que surgían por la rendija de mi
balcón, exigiendo venganza a mi atrevimiento de poner puertas a su libertad.
Las campanadas de la
iglesia de San Antonio habían retumbado una a una en mis tímpanos…
Me relajé por un
instante, tras contar las mil campanadas de las…, pero él continuaba
relamiéndose clamando venganza, rebelándose, gustándose a sí mismo… El susurro
dio paso al murmullo, y luego al griterío febril.
Maldije su impertinencia
inoportuna, su insistencia con su arrogancia gestual… Maldije, le maldije, te
maldije, Levante, ay, no sabes cuánto te maldije. Mas, aquella noche, ay,
aquella noche no sucumbía, es más, era yo quien iba a sucumbir definitivamente…
Como un mosquetero llegó
a mí, espada en mano, llamándome la atención, asediándome, desafiante, con su
escudo protector de la oscuridad de la noche.
En el silencio sólo se
escuchaba su zumbido atroz, imponente, esperpéntico y pestilente a la negritud
del vacío.
Como un tropezón
inesperado en mi sueño, desperté sin abrir un ojo, ni dos…, pero, ¡ay dios! Mi
cabeza asomada por encima de la manta se estiró como una tortuga… Saqué una
mano a modo de arma blanca y defendí mi territorio a diestra y siniestra…
La madrugada me sonreía,
mas yo no me hallaba apto para el buen humor y me dispuse a atacar la
irreverente actitud del insecto chupasangre…
Ya no disponía de
tiempo, el alba asomaba su mirada inocente…, la mía no era precisamente
inocente, no, más bien vengadora, diría yo…
Tomé mis bártulos, mis
ojos tramaban algo indescriptible, encendí la luz, enchufé la cafetera
arrastrándome por el pasillo, volví a mi lecho deshecho, el viento parecía que ya
se había despedido, tomé mi ropa para dirigirme a la ducha y… allí estaba,
desafiante…, era enorme… Su sangre…, o la mía. Mi sangre…, o la mía…Mi sangre…
Allí estaba, quieto,
silente, negro, aparatoso, esperándome en la blanca pared de mi habitación. No
tenía ningún arma a mano y precisamente me armé de valor con ella. Alcé mi
extremidad superior y justo en el instante en el que lo iba a golpear, ay…, ay
mi Levante, me recordó que no se había ido, que estaba escondido tras la puerta
del balcón esperándome, esperando su oportunidad y la cerró, entrando...
Merodeó unos instantes, husmeando cada rincón y de un buen manotazo cerró la
puerta de mi cuarto, en el mismo instante en que sonó el despertador, al mismo
tiempo en que las mil y una campanadas acompañaron el
momento culminante de mi intento de osadía.
Definitivamente se
habían aliado viento e insecto, Levante y Mosquito…
Tú, sí tú, no sabes qué palabras salieron de mi boca, no sé si te las imaginarás…, pero ellos desaparecieron definitivamente sin dejar rastro, mientras yo…, maldije…, me acordé de toda sus estirpes, realizando sus árboles genealógicos en décimas de segundo.

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