El pasado sábado 19 se celebró en Jaén la XI NOCHE JAHENCIANA y el grupo literario Oliversando participó con un recital poético-musical en la Biblioteca de Estudios Giennenses. Como miembro del mismo, recité dos poemas dedicados a la capital del Santo Reino.
NOCHE DE OTOÑO, JAHENCIANA
Noche de
otoño, noche de poesía,
noche de
Jaén, jahenciana.
puerta al
cielo, puerta a la luz.
Noche cargada
de vida,
noche de
amistad y poesía.
No puedo
sentir que no te tengo,
Jaén llena
de luz y sentido,
llena de
palabra y de tiempo,
de
religiones y sentimientos.
Noche,
noche, ¡noche de Jaén!
Sin sombras,
sin lamentos.
noche de
Jaén, jahenciana.
Hoy veo tu
rostro claro,
asomarse a
cada esquina,
y tu alma
abierta en mi voz,
llenándome
de libertades,
colmándome
de esperanzas,
levantándote
brava,
porque te
rodea tu verde olivar.
Y te echo de
menos,
cuando no me
abrazas,
cuando no me
besas
en cada
calle, en cada rincón,
cuando me
cruzo contigo,
y siento mi
alma vaciarse
sin voz, sin
luz, sin poesía.
Noche de
otoño, noche de vida,
noche de
Jaén, jahenciana.
Puerta al
cielo, puerta a la luz.
Puerta a mi
alma abierta,
de tu alma,
de tu amor, de tu poesía.
TODO EN
TI ME HACE JAÉN
Dejo
descansar mis huesos
entre tus silenciadas
murallas,
entre tus
muros lapidarios,
y respiro el
aire tibio y cálido
de la piedra
firme y viva.
Todo en ti
me hace vulnerable,
un refugio
sereno y tangible
de los
siglos de gloria y pasión.
Te huelo a
tierra mojada,
a flores
silvestres y perfumadas,
y me hablan
tus límpidas calles,
donde
gobierna la piedra y la historia,
junto al arco del sol radiante.
Todo en ti
me hace ser amante…
Tu amante lapidario,
tu amante recurrente,
tu amante
bíblico,
surgiendo en
la carrera
hacia la maestra
calle.
Todo en ti
me acompaña en mis paseos
que vierte la
aurora a escondidas,
para que se
engarce con su brillo,
mientras Catalina
me espera ansiosa en el cerro.
Entre tus
calles amo las sombras del pasado,
las luces de
ahora y siempre de la judería.
Todo en ti resurge
tras tus muros,
a la vuelta
de cualquier esquina.
Y me asombra
tu nombre verde.
Verde,
verde, ay del verde que me aclama,
de tu cuerpo
verde intenso,
fraternal verde
oliva inmenso,
como ese
lagarto que me llama.
Y el agua de
tus baños lo recuerda,
abre la
memoria del tiempo entre sus luceras,
cierro los
ojos y dejo que me inunde tu lluvia,
la luz
cenital de tu mirada,
Todo, todo
en ti acaricia mis miedos,
hasta
hacerlos vulnerables en tus regresos,
de vientos y
dulces lamentos,
renaciendo
en Santa María, mi sustento.
Y así paso
la vida, reluciendo entre tus adoquines,
que tiemblan
en mi boca al pronunciar tu nombre,
pues quizás
la poesía sea tu voz del pasado
y mi voz el
canto de tus santas torres,
ya que en
esta catedral cabe todo tu pasado y mi presente.
A veces me
acompaña el susurro del viento,
como
distante en su proverbial lamento,
confiando en
mí sin ambages,
con todos
sus mejores ropajes.
Y el
silencio aprendió a estar ausente
desde San
Ildefonso a San Juan,
donde me
espera el Cristo yaciente.
La vida de
esta ciudad reina,
de piel que
huele a olivo y a miel,
a canto y
baile de melenchones,
a brasas
sobre esquinas en las que me detengo
a admirar
sus estrellas que me ciegan,
cuando no
tengo más alma que la tuya.
Todo en ti,
Jaén, me hace vulnerable.
Todo en ti
me hace tu dulce amante.
Todo en ti
me acompaña en nuestros paseos del brazo.
Todo, todo
en ti acaricia mis miedos.
Todo en ti
surge tras tus ancestrales muros…
Para
acariciarte con mi voz y mi mirada,
Para
acariciarme con tu voz y tu mirada,
Para
sentirme historia pasada y presente,
Para sentirme en todo hogar del mundo.





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