martes, 22 de septiembre de 2026

RECITANDO EN LA NOCHE JAHENCIANA

El pasado sábado 19 se celebró en Jaén la XI NOCHE JAHENCIANA y el grupo literario Oliversando participó con un recital poético-musical en la Biblioteca de Estudios Giennenses. Como miembro del mismo, recité dos poemas dedicados a la capital del Santo Reino.

NOCHE DE OTOÑO, JAHENCIANA

 

Noche de otoño, noche de poesía,

noche de Jaén, jahenciana.

puerta al cielo, puerta a la luz.

Noche cargada de vida,

noche de amistad y poesía.

No puedo sentir que no te tengo,

Jaén llena de luz y sentido,

llena de palabra y de tiempo,

de religiones y sentimientos.

 

Noche, noche, ¡noche de Jaén!

Sin sombras, sin lamentos.

noche de Jaén, jahenciana.

Hoy veo tu rostro claro,

asomarse a cada esquina,

y tu alma abierta en mi voz,

llenándome de libertades,

colmándome de esperanzas,

levantándote brava,

porque te rodea tu verde olivar.

 

Y te echo de menos,

cuando no me abrazas,

cuando no me besas

en cada calle, en cada rincón,

cuando me cruzo contigo,

y siento mi alma vaciarse

sin voz, sin luz, sin poesía.

 

Noche de otoño, noche de vida,

noche de Jaén, jahenciana.

Puerta al cielo, puerta a la luz.

Puerta a mi alma abierta,

de tu alma, de tu amor, de tu poesía.


TODO EN TI ME HACE JAÉN

 

Dejo descansar mis huesos

entre tus silenciadas murallas,

entre tus muros lapidarios,

y respiro el aire tibio y cálido

de la piedra firme y viva.

 

Todo en ti me hace vulnerable,

un refugio sereno y tangible

de los siglos de gloria y pasión.

Te huelo a tierra mojada,

a flores silvestres y perfumadas,

y me hablan tus límpidas calles,

donde gobierna la piedra y la historia,

junto al arco del sol radiante.

Todo en ti me hace ser amante…

Tu amante lapidario,

tu amante recurrente,

tu amante bíblico,

surgiendo en la carrera

hacia la maestra calle.

 

Todo en ti me acompaña en mis paseos

que vierte la aurora a escondidas,

para que se engarce con su brillo,

mientras Catalina me espera ansiosa en el cerro.

Entre tus calles amo las sombras del pasado,

las luces de ahora y siempre de la judería.

 

Todo en ti resurge tras tus muros,

a la vuelta de cualquier esquina.

Y me asombra tu nombre verde.

Verde, verde, ay del verde que me aclama,

de tu cuerpo verde intenso,

fraternal verde oliva inmenso,

como ese lagarto que me llama.

 

Y el agua de tus baños lo recuerda,

abre la memoria del tiempo entre sus luceras,

cierro los ojos y dejo que me inunde tu lluvia,

la luz cenital de tu mirada,

que late vida y siembra gotas de esplendor.

 

Todo, todo en ti acaricia mis miedos,

hasta hacerlos vulnerables en tus regresos,

de vientos y dulces lamentos,

renaciendo en Santa María, mi sustento.

 

Y así paso la vida, reluciendo entre tus adoquines,

que tiemblan en mi boca al pronunciar tu nombre,

pues quizás la poesía sea tu voz del pasado

y mi voz el canto de tus santas torres,

ya que en esta catedral cabe todo tu pasado y mi presente.

 

A veces me acompaña el susurro del viento,

como distante en su proverbial lamento,

confiando en mí sin ambages,

con todos sus mejores ropajes.

Y el silencio aprendió a estar ausente

desde San Ildefonso a San Juan,

donde me espera el Cristo yaciente.

 

La vida de esta ciudad reina,

de piel que huele a olivo y a miel,

a canto y baile de melenchones,

a brasas sobre esquinas en las que me detengo

a admirar sus estrellas que me ciegan,

cuando no tengo más alma que la tuya.

 

Todo en ti, Jaén, me hace vulnerable.

Todo en ti me hace tu dulce amante.

Todo en ti me acompaña en nuestros paseos del brazo.

Todo, todo en ti acaricia mis miedos.

Todo en ti surge tras tus ancestrales muros…

Para acariciarte con mi voz y mi mirada,

Para acariciarme con tu voz y tu mirada,

Para sentirme historia pasada y presente,

Para sentirme en todo hogar del mundo. 



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