domingo, 11 de diciembre de 2011

EL ARTE DE SER FELIZ (V)

"Después de producirse un hecho feliz y largamente esperado, no nos sentimos, en conjunto, mucho más a gusto y cómodos que antes. Sólo el instante en que se produce dicho cambio nos conmueve de manera inusitadamente fuerte, sea en forma de un profundo lamento o en la de una exclamación de júbilo. Mas ambos desaparecen pronto, porque se basan en un engaño. No surgen a partir del dolor o del placer inmediatos y actuales, sino debido al anuncio de un futuro nuevo que se anticipa a ellos. Sólo por el hecho de que el dolor o la alegría hacen un préstamo al futuro, es posible que sean tan inusualmente grandes y, por tanto, no duraderos (...)
Aunque el grado de nuestra alegría o tristeza no es siempre el mismo, según esta concepción no lo atribuiremos al cambio de circunstancias externas, sino al estado interior, al estado físico (...)
Que el sufrimiento es esencial a la vida, de modo que no fluye hacia nosotros desde fuera, sino que cada uno lleva la fuente inagotable del mismo en su propio interior (...)
Nos movemos incansablemente de un deseo a otro y, aunque ninguna satisfacción alcanzada, por mucho que prometía, nos acaba de contentar, sino generalmente pronto se presenta como error vergonzoso... corremos detrás de deseos siempre nuevos...
Lucrecio, De rerum natura, III, 1095.
(...) El sufrimiento es esencial a esta existencia misma y que la verdadera satisfacción es imposible.La consecuencia de esta última forma de desarrollo es un estado de ánimo algo melancólico, que significa soportar constantemente un gran dolor único y el desprecio resultante de todos los pequeños sufrimientos o alegrías; por lo cual, se trata de un fenómeno algo más digno que la constante persecución de ilusiones siempre nuevas, que es mucho más vulgar."

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