Tú, incólume
faro de la Caleta,
esclavo del mar rocoso
y de ingrávidas gaviotas.
Pez errante, noctámbulo,
remanso divino,
de almas divinas,
divisas nuestras lívidas miradas,
horizonte en mano,
cuando un relámpago
dibuja nuestras siluetas
en la fachada nocturna.
¡Vamos a alcanzarlo!
¡Tú, mamá y yo!
Y abrazar tu talle salino
que nos embriague aroma marino,
de marea baja,
de algas y marisco,
besar las estrellas
y traértelas para que te abracen.
Jugaremos
- ¡Tú, mamá y yo! -
¡al corro!
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